Orientación vocacional

Por Lic. Gloria Alrá

 

Necesitar orientación presupone estar desorientado. ¿Con respecto a qué? ¿A lo que se desea? ¿A lo que se debe? ¿Respecto de qué se está verdaderamente desorientado cuando se solicita un proceso de Orientación vocacional?

Tal vez, independientemente de lo que se crea, este proceso consista en reorientar la búsqueda de aquello que nos gusta y nos hace felices. ¿Por qué el norte debería ser otro que ese? ¿Por qué no puede ser “productivo” y “exitoso” aquello que se elige desde lo que le “conviene” al deseo de cada quien?

Si bien es cierto que en algunas personas “rédito económico” y “vocación” pueden ir sin ningún conflicto de la mano, para otras no es posible pensar ganar dinero de lo que los apasiona y les gusta. Las dos actividades pueden funcionar también por separado si se vuelve un obstáculo insalvable: la asociación entre la “impureza” y el “dinero”.

A veces, la Orientación Vocacional, sirve para cuestionar esas asociaciones que no dejan avanzar en la consecución del objetivo de trabajar de lo que a cada uno le gusta y vivir dignamente.

Es sorprendente el resultado de analizar algunas de esas certezas inconscientes, y muchas veces insensatas, que se han armado a lo largo de la vida sin saber muy bien si se está realmente de acuerdo con ellas o no. Someterlas a consideración en un proceso de orientación vocacional da la oportunidad de elegir conscientemente o desembarazarse de ellas.

Otra experiencia que la orientación vocacional permite es la de saber que hay una libertad para elegir acotada por la posición neurótica más que por la realidad.

Basta pasearse por youtube para encontrar bailarines de una destreza increíble, sin una pierna o sin brazos, deportistas en sillas de ruedas, músicos sin manos y un sin número de anécdotas que la vida aporta para reconocer que aun las limitaciones más extremas (“Mi pie izquierdo”; Howking, Beethoven) son superadas por la tenacidad de una voluntad y un deseo indestructibles.

A veces se trata de reconocer que lo que no se quiere, es pagar el precio de una elección (enemistarse con la familia, con los ideales, hacer esfuerzos para conseguirlo, etc.).

El esfuerzo, las horas de estudio, el entrenamiento y el trabajo para no perder lo que la naturaleza otorgó que hay detrás de cada artista o deportista reconocido, científico o pensador… Nadie lo imagina ni contabiliza.

“Que la inspiración te agarre trabajando" dice Serrat; “Mil fracasos para que haya alguna vez algún descubrimiento” decían Salt y Pasteur.

Tratamientos costosos, desarraigos y renuncias en la historia de Messi.

Una vez más: ¿Orientar hacia el éxito? ¿De qué?

¿Triunfar en tv (30 segundos de fama)… o en la vida?

Vocación: llamado, voz.

Distinguiremos al menos dos: la “voz del superyó” (triunfa, sé feliz, tenés que saber lo que querés) y la voz de los deseos (“me gustaría”, “quisiera”, “tengo ganas”, “podría dedicarme a …”)

Una manda, ordena incesantemente cosas impasibles, grita y vocifera. La otra sugiere, murmura en nuestros actos las habilidades y los gustos que tenemos. La orientación vocacional bien “orientada”, ayuda a escucharla y darle volumen.

El “llamado” no es un éxtasis místico que nos hace entrar en trance y correr inequívocamente y para siempre a lo que estamos “destinados”. Esa es una idealización del mismo.

Se presenta de muchas maneras, tantas como personas existen. En la mayoría de los casos se trata de una búsqueda más o menos orientada por la intuición, el gusto, la satisfacción, el saber hacer. Funcionará por prueba y error, porque también es una idealización considerar al “llamado” como infalible, certero e inequívoco.

También está atravesado por los cambios de la vida. No tiene porque resolverse a los 18 años. Ni tampoco mantenerse siempre a través de los años. Puede aparecer un súbito entusiasmo y un cambio de rumbo a cualquier edad, por eso… ¿Por qué intentar burocratizar el deseo?