Un síntoma en un niño

Por Lic. Iván Álvarez

Hay algo del goce puesto en juego en esto de lo que se está hablando. Hay una madre que ubica a su hijo fálicamente, con quien se satisface. Y hay un padre que no opera interviniendo para que eso no se produzca. Con estos factores en juego, mi hipótesis de trabajo fue que la fobia, sus miedos, estaban cumpliendo una función, que podría ser separarse de su madre, al menos por algunos momentos.

Continúo las sesiones con Agustín, en una de estas vuelve a proponer jugar con las cartas, "armar casitas". Después de esto, quiere jugar con la Granja. Toma los caballos, diferencia el caballo de la yegua. Toma un caballo pequeño y monta a la yegua. Le pregunto:
_ ¿Qué está haciendo?
_ Le está haciendo un hijito. (Se ríe).
_ Y cómo, ¿el hijo lo tiene con la madre?
_ Y...se lo pidió.
_ Pero sería el hermanito y el padre a la vez...

Después de esto mantengo una entrevista con el padre, quien habla de sus ataques de angustia (los propios). Desarrolla la relación que tuvo con su propio padre, marcada por una gran ausencia de éste, la cual lamenta enormemente.

Otro día, Agustín, propone jugar con las cartas, a la "Casita robada"; después quiere que "armemos casitas". Comenzamos a armarlas entre los dos, y empieza a ponerse en juego su miedo a tirar lo construido, a que se le caigan las "casitas". Después, intencionalmente, las tiramos entre los dos, lo cual le produce gran satisfacción, y propone jugar al "Culo sucio".
En el siguiente encuentro vuelve a elegir este último juego. Mientras jugábamos se presenta este deslizamiento significante, que él inicia con:
_ Uy, qué cagaso eh, creíste que venía... (la carta que significa "culo sucio")
Ante lo cual, mi posición consistió en alentar dicho deslizamiento y seguirlo:
_ Uhh...Estoy re cagado...
_ mirá, te cagué...
_ noo, me cagaste vos ahora...
Así, la metonimia significante nos va llevando por el lado del miedo y del engaño al Otro.
En la siguiente entrevista con Agustín continuamos con el juego. Van apareciendo los mismos significantes. "Qué cagaso", "cagaste", "me cagué", y deriva en: "Estoy cagado hasta las patas" y así, dijo que le tenía "miedo al Cuco (riéndose).

En la siguiente sesión tengo una entrevista con él y el padre. Al padre, Agustín lo coloca en una posición de espectador durante toda la entrevista, ya que Agustín y yo jugábamos a distintos juegos, y él padre sólo observaba.

Es relevante ubicar la posición de la madre con respecto a sus hijos, sobre todo a Agustín. En la primera entrevista a solas ella misma había afirmado que no se podía despegar, no podía dejar de estar encima. No lo dejaba salir, independizarse. De hecho, durante los primeros meses era la madre quien traía a Agustín a las sesiones, junto a su hija. Sin embargo, después de un tiempo, comienza a traerlo el padre sólo, ya que la madre comienza a trabajar. De este modo comienza a ausentarse, ahora ella, del hogar. Lo cual provoca que Agustín pase mucho más tiempo solo, algo que no le molesta en absoluto, al contrario, cierta calma comienza a manifestarse.

Transcurren algunas sesiones más con Agustín, hasta que mantengo una nueva entrevista con los padres. En ésta, lo primero que señalan, es que Agustín "ya no está más miedoso", los miedos desaparecieron. Lo cual produce que se sienta sensiblemente mejor, que pueda tener una mejor calidad de vida, y también que los padres estén más tranquilos, ya que su impotencia se atenúa al no estar el síntoma que los interrogue en su saber, provocando su angustia.

Por el aparato psíquico circula determinada cantidad pulsional, efecto del significante, con la que el niño debe lidiar, buscando el mejor modo posible de drenarla. Agustín no ha tenido inconvenientes durante algunos años en esa tramitación del goce, hasta que en un momento determinado de su vida ha ocurrido cierto hecho que provocó que tal tramitación se viera interrumpida. Dicho acontecimiento fue el nacimiento de su hermana. Esto hubiera puesto a funcionar el aparato significante concluyendo con la inscripción de la castración, pero el modo que se eligió, en este caso, para inscribir dicha falta fue el armado de un síntoma fóbico, otro intento de tramitar lo Real. Mi hipótesis es que en esta elección la posición del padre tuvo gran incidencia. Su lugar de ser sólo quien observa la situación entre su esposa y su hijo, sin intervenir, sin operar privando del objeto, determinó el modo a través del cual el sujeto se las ingenió con el goce, conformando la fobia.
El síntoma del miedo fue un modo de apresar simbólicamente aquello que provenía de lo Real. Este síntoma conllevaba satisfacción pulsional, pero producía también un deterioro en la calidad de vida, lo cual generaba un sufrimiento en el niño, y también en los padres, que se deseaba eliminar. Además no permitía el despliegue de la Neurosis, obturaba el desarrollo de las escenas que lo Real hubiera causado en el aparato simbólico.
Teniendo en cuenta esto, fue así que mi posición fue la de permitir y estimular las producciones significantes de Agustín, para que puedan permutar las distintas escenas en las que se ponía en juego el goce. Esta permutación no fue infinita, encontró un límite, un tope. Al llegar a dicho límite, un cambio cualitativo se produjo, que en Agustín tuvo que ver con la desaparición del miedo. Dando cuenta, este fenómeno, de la inscripción de la castración, de la pérdida de goce, aliviando el sufrimiento subjetivo.